27/Enero/12
¡MORA EN MÍ, LIMPIAME!
"Crea en mí oh Dios un corazón limpio y renueva un espíritu recto dentro de mi". Salmo 51:10. Cuando la biblia habla del corazón no solo se refiere al músculo de late para bombear la sangre que ha de dar vida a nuestro cuerpo. También se refiere al alma, el ser interior, donde se asientan las emociones, los pensamientos, aquello que te mueve a pensar, a actuar, a tomar decisiones y a obrar.
El Rey David, oró con angustia de alma y quebranto de espíritu y dijo: Oh Dios crea en mí un corazón, limpia y renueva un espíritu recto dentro de mí. Cuando El Señor entra al corazón del hombre, hay un poder trasformador que ayuda al creyente a ver las cosas diferentes; Reconoce su condición, Deja de ser orgulloso, La dureza del corazón es cambiada por sensibilidad, Llega el gozo, Hay ternura, Se compadece por los demás, Deja que la palabra de Dios le molde.
Mantengamos nuestro espíritu limpio para que nuestro invitado especial que es cristo Jesús pueda morar en el y se sienta a gusto de esta en un lugar limpio, puro e intacto. Pidamos a Dios que unja con el aceite fresco de su Espíritu y crea en nosotros un corazón limpio y renueve un espíritu recto dentro de nosotros. Pose con su gracia y amor cada facultad de nuestro ser. Que los pensamientos que fluyan de nuestra mente hoy, las palabras que se desprendan de nuestros labios, los pasos que marquen nuestros pies y nuestros hechos sean hoy la demostración viva de un corazón limpio y un espíritu recto dentro de nosotros. Dejemos que Dios more en nosotros cada día.
20/Enero/2012
A PROPÓSITO, ¿A QUIÉN ADORAS?
“Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. Lucas 12:34
El día de hoy salí a la calle y me preguntaba por qué hay tanta gente, y recordé que como dice un amigo, hay feria cultural este fin de semana en Higüey. Ya
se ve gran cantidad de adoradores de objetos por todos lados. Mi otra pregunta del día, ¿son sólo estas personas que se trasladan desde otras provincias a la nuestra “adoradores”? Veamos, la idolatría es asunto del corazón. Hay formas de la idolatría que muchos hemos practicado y practicamos, que no requiere de un pedestal físico. Recordemos al joven rico cuando pregunto:
“... Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces, respondiendo, le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme, tomando tu cruz. Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesione”. Mateo 10: 17-22
El joven tenía otro “Dios” en su vida y quizás hasta ese momento no lo había reconocido. Triste decirlo, hasta que no somos confrontados y nos hacemos un análisis nosotros caminamos por la vida cristiana creyendo que no somos “adoradores de ídolos”. Sin embargo tenemos muchos ídolos invisibles, muchas veces adorar una imagen pudiera ser relativamente inocuo comparado con los ídolos secretos que poseemos.
Vamos a despojarnos en este día de nuestros ídolos y entreguemos nuestro corazón a Dios para que lo limpie y lo purifique. Es mi anhelo que el día hoy trabajemos para tener un corazón apto para agradar a Dios. Para que un día Jesús no nos diga, aún te falta algo, como le dijo al joven rico. Y no olvidemos: Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. Bendiciones.
Dra. Libby Martínez




